Santa Fe es la zona corporativa más importante de Ciudad de México. También es, en términos de metros cuadrados desocupados, una de las más vacías. La paradoja está a la vista de cualquiera que maneje por Vasco de Quiroga un martes a las 11 de la mañana: torres de cristal impecables, lobbies vacíos, estacionamientos semivacíos.
Los números del vacío
Según datos de CBRE México y Cushman and Wakefield correspondientes al cuarto trimestre de 2025, la tasa de disponibilidad de oficinas en Santa Fe ronda el 28%. Para tener contexto: una tasa del 10% al 12% ya se considera alta en mercados maduros. El 28% es una crisis silenciosa.
En metros cuadrados concretos, hay más de 320.000 metros cuadrados de oficinas disponibles en Santa Fe entre espacios vacantes y en sublease. Si se suman los proyectos que siguen en construcción, la cifra puede superar los 380.000 metros cuadrados en 2026.
El precio que no cede
Ante tanta disponibilidad, lo lógico sería que los precios cayeran agresivamente. Y en parte lo hicieron: los rents prime en Santa Fe bajaron de entre USD 28 y USD 32 por metro cuadrado por mes en 2019, a entre USD 22 y USD 26 en 2025. Pero la baja es menor de lo que la disponibilidad sugeriría.
Muchos propietarios prefieren mantener el edificio vacío antes que bajar el precio y desanclar la referencia del mercado. Es una lógica que tiene sentido desde el balance sheet individual pero destruye la competitividad del submercado en conjunto.
El factor home office que nadie quiso ver
La pandemia aceleró lo que muchas empresas ya sabían: los empleados pueden trabajar de manera efectiva desde casa o desde espacios de coworking. Las grandes corporaciones que tenían pisos enteros en Santa Fe redujeron su ocupación al 40% o 60% de lo que tenían en 2019. Muchas no renovaron contratos.
Los desarrolladores que construyeron entre 2017 y 2022 apostaron a una demanda que se materializó diferente de lo que proyectaron. El mercado los castigó.
El problema de movilidad: Santa Fe como isla
Hay otro factor estructural que explica parte del problema: Santa Fe es extremadamente difícil de acceder en transporte público. No tiene metro. El Metrobús llega de manera tangencial. La mayoría de los trabajadores llega en auto, lo que convierte el acceso en una pesadilla cotidiana de tráfico.
En un contexto donde el talento joven prioriza cada vez más la accesibilidad y la calidad de vida urbana, muchas empresas están reconociendo que tener oficinas en Santa Fe les dificulta atraer colaboradores que no quieren pasar dos horas en el Periférico. Zonas como Reforma, Polanco o Insurgentes Sur ofrecen mejor accesibilidad con precios similares o menores.
El residencial: caro y sin demanda orgánica
El segmento residencial de Santa Fe tiene el mismo problema que el corporativo: precios de zona prime entre USD 3.000 y USD 4.500 por metro cuadrado, con una demanda que no se justifica orgánicamente. Los compradores son principalmente inversores, no familias que eligen vivir ahí por vocación. Y los inversores, cuando ven la baja ocupación hotelera y corporativa, reconsideran.
Quién tiene la culpa
La respuesta honesta es: todos un poco. Los desarrolladores que apostaron a escala sin resolver la movilidad. El gobierno capitalino que nunca priorizó conectar Santa Fe con el sistema de transporte masivo. Las empresas que firmaron contratos largos a precios altos sin considerar escenarios alternativos. Y un modelo urbano que construyó una ciudad de negocios sin pensar en la ciudad de verdad alrededor.
Santa Fe no está muerta. Hay proyectos de reconversión interesantes, algunos edificios corporativos que están explorando usos mixtos o residencial. Pero mientras no haya metro, mientras el tráfico sea inmanejable y mientras los precios no corrijan más agresivamente, la zona más cara de CDMX seguirá siendo, también, una de las más vacías.