El sistema tiene una lógica impecable sobre el papel: el trabajador aporta, el INFONAVIT financia, el trabajador tiene casa propia. Lo que nadie explica en el contrato es lo que viene después: décadas de descuentos en el salario, una propiedad que no podés vender porque no vale lo que debés, y un barrio que en muchos casos nunca tuvo agua, luz ni drenaje formales.
843,000 viviendas que el propio INFONAVIT llama «emproblemadas»
El director general del INFONAVIT, Octavio Romero Oropeza, lo reconoció públicamente en conferencia de prensa: «Antes se construía vivienda de interés social de 30 m², 40 m², 45 m², en lugares muy apartados, donde no había servicios: ni luz, ni agua, ni drenaje, y muy retirados de los centros de trabajo». El resultado de esa política es hoy un universo de 843,000 viviendas que el propio instituto cataloga como problemáticas, con pagos detenidos.
Del total censado al 13 de junio de 2025, 145,000 estaban habitadas —por el acreditado original o por ocupantes irregulares— y 23,000 directamente abandonadas o vandalizadas.
El crédito que nunca termina de pagarse
Al 2025, el INFONAVIT tiene identificados 4,155,000 créditos considerados impagables bajo sus condiciones actuales. No son deudores maliciosos: son trabajadores que tomaron créditos ajustados a UMAs (Unidades de Medida y Actualización), cuyos saldos crecían más rápido que sus salarios.
La morosidad del instituto llegó al 18% en 2024. Si se incluyen créditos segregados, el deterioro de la cartera alcanza el 32%: uno de cada tres créditos presenta impagos. El trabajador lleva años con el descuento en nómina, la deuda no baja, y la casa que recibió a cambio no vale en el mercado lo que debe.
El valor de reventa que nadie quiere contar
Una vivienda de interés social INFONAVIT ubicada en un fraccionamiento periférico —digamos en Ecatepec, Ixtapaluca, Huehuetoca o municipios similares fuera de Monterrey, Guadalajara o Hermosillo— tiene en el mercado un valor de reventa que frecuentemente no cubre el saldo pendiente del crédito. El propietario queda atrapado: no puede vender porque le queda debiendo dinero al banco, no puede alquilar sin complicaciones legales, no puede irse porque pierde todo lo invertido.
El entorno completa el problema: fraccionamientos sin comercio, sin transporte, sin escuelas cercanas, sin centros de salud, con calles sin pavimentar años después de entregados. La vivienda como activo que se deprecia desde el día uno.
Casos que se repiten en todo el país
El Colegio de Valuadores de Quintana Roo documentó casos similares en la región: propietarios que descubren que su departamento —por el que pagaron mantenimiento durante años— no tiene luz, agua ni drenaje porque el desarrollador nunca tramitó los permisos completos. El fenómeno no es exclusivo del Caribe: la Secretaría del Bienestar está haciendo un censo nacional para identificar caso por caso qué pasó con cada una de esas 843,000 viviendas.
Lo que el instituto propone ahora
La respuesta del INFONAVIT en 2025 incluye reducción de tasas y saldos para 630,000 personas, tasas fijas del 4% para 500,000 acreditados, y ajustes de mensualidades para 1.7 millones de casos. También un esquema de renta con opción a compra para regularizar a los ocupantes irregulares de viviendas abandonadas.
Son medidas necesarias. Pero no resuelven el problema estructural: una política de vivienda que durante décadas construyó casas pequeñas, lejos de todo, vendidas a precios inflados con créditos impagables. La trampa no fue accidental. Fue el modelo.