El INFONAVIT cumplió 54 años en 2026. Fue creado con una promesa concreta: que los trabajadores mexicanos pudieran acceder a una vivienda digna gracias a sus aportaciones. Décadas después, millones de familias todavía esperan esa casa.
La promesa original y la realidad actual
El Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores fue fundado en 1972. Desde entonces, ha otorgado más de 12 millones de créditos. Suena impresionante. El problema es que la demanda acumulada superó esa cifra hace tiempo: según el INEGI y el CONEVAL, el déficit habitacional en México ronda las 9,4 millones de viviendas, de las cuales más de 6 millones corresponden a hogares con acceso potencial al INFONAVIT.

Dicho de otra forma: el instituto entregó créditos, sí. Pero nunca al ritmo que la demanda exigía.
El problema de la vivienda en la periferia
Entre 2000 y 2015, el modelo predominante fue el de desarrolladores privados construyendo conjuntos habitacionales masivos en la periferia de las ciudades. Ecatepec, Tecámac, Ixtapaluca: nombres que se convirtieron en sinónimo de vivienda INFONAVIT barata, lejos de todo. Sin transporte adecuado, sin comercios, sin servicios.
El resultado fue previsible: abandono masivo. Se estima que entre 500.000 y 700.000 viviendas financiadas por INFONAVIT en esos desarrollos periféricos fueron abandonadas antes de que sus propietarios terminaran de pagarlas. Las familias preferían seguir rentando cerca de sus trabajos que vivir a dos horas de transporte en una casa propia que no mejoraba su vida.
Las tasas: cuánto cuesta realmente un crédito INFONAVIT
El INFONAVIT ofrece créditos con tasas que en 2025 oscilaban entre el 2,95% y el 10,45% anual, dependiendo del salario del trabajador. Sobre el papel, son tasas accesibles. Pero el crédito se otorgaba en Veces Salario Mínimo, un índice que hasta hace pocos años se actualizaba de manera independiente a la inflación, erosionando el capital adeudado, o incrementándolo, según el período.
Antes de la reforma de 2020 que migró los créditos a pesos nominales, hubo millones de deudores cuyo saldo de crédito aumentaba aunque pagaran puntualmente. El llamado saldo creciente generó crisis de deuda para familias de bajos ingresos que jamás entendieron el mecanismo.
La reforma de 2024 y lo que cambió
En 2024, el Congreso aprobó modificaciones a la Ley del INFONAVIT que le permiten al instituto construir vivienda directamente, sin depender de desarrolladores privados. La medida generó controversia: desarrolladores la cuestionaron, economistas señalaron que el Estado mexicano históricamente no ha sido buen constructor, y defensores de la reforma argumentaron que el modelo privado ya demostró su fracaso.
Los primeros proyectos piloto de construcción directa fueron anunciados en 2025 para CDMX, Nuevo León y Jalisco. Los resultados todavía están por verse.
El trabajador que pierde dos veces
Hay una ironía brutal en el sistema: el trabajador informal, que representa más del 55% de la fuerza laboral mexicana según el INEGI, no aporta al INFONAVIT y por lo tanto no puede acceder a sus créditos. Trabaja toda su vida, construye la ciudad literal y metafóricamente, y queda excluido del único programa masivo de acceso a vivienda que existe.
54 años después de su fundación, el INFONAVIT sigue siendo la institución más importante del sistema habitacional mexicano. Pero también sigue siendo insuficiente para la escala del problema. La promesa de la casa propia para cada trabajador mexicano sigue siendo, para millones de familias, solo una promesa.